Era el lunes 1 de septiembre del año pasado y Fernando Ortíz era presentado como el nuevo entrenador de Colo Colo, tras la salida de Jorge Almirón. Cinco meses más tarde, todo indica que si no se cambia el rumbo errático del elenco albo, las puertas se abrirán para la salida del «Tano».
Tras los magros resultados en la pretemporada en Uruguay, vino el debut por la Liga de Primera y Deportes Limache, a estas alturas una «bestia negra», les endosó un contundente 3 a 1, dejando más dudas que certezas en la institución alba, desde dirigentes hasta hinchas.
Incluso, la llegada de los refuerzos es cuestionada, como las salidas de algunos jugadores, dejando en entredicho la escasa coordinación entre el entrenador Fernando Ortiz; el cuestionado gerente deportivo de ByN, José Daniel Morón y el cada vez más payasesco presidente, Aníbal Mosa.
Varios medios de comunicación han reporteado la interna de Colo Colo: muchos dicen que el aire que se resipira dentro está viciado y que la excesiva personalización de movimientos de Mosa, sumada a su diferencias con el bloque Vial en el directorio, provocan que el descalabro de los «cerebros» que manejan la concesionaria, se decante hacia abajo. Cabeza que piensa mal arriba, impacta a los vienen después.
La falta de respuestas es notoria y todo indica que la mano de Fernando Ortíz en el camarín no cuenta con el respeto irrestricto de los jugadores. Algunos cuestionables liderazgos, como el de Arturo Vidal, se tornan un lastre difícil de cargar para un director técnico que no ha podido hacer sentir su voz de mando.
La derrota ante Limache ahondó las fisuras de Colo Colo que tras un desastroso centenario, no logra enmendar el rumbo. De no haber cambios profundos, una nueva derrota ante Everton en la segunda fecha de la Liga de Primera podría provocar el despido o renuncia de Ortíz.
